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Todo empezó con un latido..

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martes, 4 de febrero de 2014

Amor, sin empachos.

El amor es esa palabra carente de significado para quien no lo ha sentido nunca y variante del mismo para el que lo siente y ve como evoluciona.
Ahora el amor, no es el de las mariposas en el estómago, el de besarse como chiquillos en las calles más oscuras, el de hacerse setecientos kilómetros en un fin de semana por verte, el que memoriza tu cara cada vez que te ve porque no sabe si será la última o porque no sabe cuanto tiempo pasará hasta que te vuelva a ver. El que aguanta despierto durmiendo dos horas antes de que suene la alarma, sólo por darte las buenas noches y escuchar tu voz, o aquel que promete que matará monstruos por ti para que no vuelvas a tener miedo, mientras duermes, o mientras vives.
Ahora, el amor, es el que sonríe mientras hablas del trabajo, o mientras ves el fútbol, porque está al lado para verte. El que se sobresalta cuando recibe como si fuera la primera vez un mensaje porque le echas de menos. El que observa tus ojos viendo cada día un nuevo paisaje dentro de ellos. El que sueña a compás de tus suspiros. El que se siente libre dentro de cuatro paredes. El que acompaña pero no cansa. El que agradece el tacto de tu empeine como idioma secreto debajo de las sábanas. El que aprieta a veces, pero no ahoga. El que hace que merezcan la pena los días difíciles y los problemas, con tal de apoyar la cabeza en tu hombro al terminar el día y saber que sólo ahí está a salvo. El que aprende y se calma, en tiempos de guerra. El que te cede la pipa de la paz. El que no compara, el que agradece, el que se enerva y se desespera, para volver en tiempo record a volver a agradecer. El que ha pasado a tener como canción favorita, cualquiera que salga a medias entre tu voz y tu guitarra. El que se llena de libertad mientras te ve surcando las olas y que anhela ese sentimiento tan tuyo, suyo, formando parte de él tan dentro. El que no cambiaría por nada, el espacio que has pasado a ocupar dejando tan poco para todo lo demás.

El amor evoluciona.
Cambia, se adapta, madura, y nosotros con él. Aprendiendo a beber más a sorbos en vez de tantos vasos llenos de golpe, para saciarnos después, para no empacharnos, para disfrutarlo, para sentirlo bien.







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